El jardín del amor de Rubens

Esta obra de Pedro Pablo Rubens que se conserva en el Museo del Prado de Madrid también es conocida bajo los títulos de “Sarao de Rubens”, “Una conversación a la moda” o “Escuela del Amor”.

Todos conocemos a Rubens por sus figuras femeninas generosas en carnes y por sus cuadros de gran formato con numerosas figuras en los que predominan ante todo el color, el movimiento y la sensualidad, características estas que podemos encontrar en buena parte de la producción del pintor.

La obra rezuma sensualidad y movimiento en todas las escenas y grupos de personajes que componen la representación. A su vez el colorido vibrante y llamativo de los atuendos de determinados personajes dirige la mirada del espectador de uno a otro.

El cuadro, pintado en 1630, supone un punto de inflexión en la obra del artista que abandona el dramatismo y pesimismo de su obra anterior, provocado por la pérdida de su primera mujer en 1626, por un estilo más colorista y optimista fruto de su estudio y conocimiento directo de las obras de Tiziano en las colecciones reales de la monarquía española durante un viaje a Madrid y de su reciente matrimonio con la hija de un rico comerciante amigo suyo.

La obra es un homenaje a los placeres sensuales de la vida, siguiendo el hilo del cuadro de Tiziano: “la bacanal”.

A diferencia del genio veneciano, Rubens se dedicó a representar, no una época pasada y gloriosa inspirada en el mundo clásico, sino que pinta personajes contemporáneos mezclados con querubines y angelotes propios de la mitología. De esta forma crea una especie de fábula sobre un reino mágico, que es este jardín del amor.

La escena transcurre junto a un palacete barroco en el que se esta celebrando una fiesta. En el jardín vemos elementos arquitectónicos y escultóricos inspirados en la antigüedad clásica, como un detalle de una fuente de Gian Bologna que representa a la diosa Venus de cuyos pechos mana la leche que vierte sobre la humanidad y otra de las tres gracias en el fondo del cuadro, bajo el porche del palacio.

Rubens “vuelca” en el lienzo su felicidad y enamoramiento de su joven esposa -ella tiene 16 años y el 55- representando una alegoría de ambos en este acto social que el supuesto pintor aprovecha para presentar a su mujer a los demás caballeros y mujeres que asisten a la fiesta.

Se cree que el personaje de la izquierda y la figura femenina del centro -ataviada con un vestido azul- serían el pintor y su esposa, aunque esto sólo se ha sugerido por el parecido de estos personajes a los retratos de ambos cónyuges.

En el cuadro advertimos la presencia de varios amorcillos y angelotes en distintas actitudes -potando flores, disparando flechas, etc.- que sirven para mezclar lo real con lo fantástico y darle un aire amable a la pintura, un recurso que sería utilizado en las escenas galantes de la pintura rococó del siglo XVIII, en especial de Watteau, gran admirador del genio flamenco.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: