El arte de la pintura de Vermeer

Esta obra del pintor holandés Johannes Vermeer es, junto a “la joven de la perla”, su obra más reconocida.

Conocida también con otros títulos como “el estudio del artista” o “Alegoría de la pintura” se conserva en el Kunsthistorisches de Viena tras ser recuperada por los aliados tras la Segunda Guerra Mundial de entre las pertenencias de Adolf Hitler, que atesoraba obras de arte en una mina de sal para el museo de arte para protegerlas de los bombardeos aliados.

Respecto a otras obras del pintor lo primero que destaca es el gran tamaño del lienzo, que es con mucha diferencia respecto a la mayoría de sus obras y a la tradición holandesa de pintar obras de un tamaño y formato muchísmo menor.

Al igual que en la mayoría de las obras del genio holandés representa una escena en el interior de una vivienda, en la que un pintor -el mismo de espaldas- pinta a una mujer situada al fondo de la estancia, cerca de la ventana.

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Con una disposición similar, pintó Dalí a Gala en el cuadro “Dalí de espaldas pintando a Gala”, en lo que el genio catalán reconoció como un homenaje al que consideraba junto a Velázquez como uno de los pintores más grandes del Barroco.

No sabemos con exactitud si Vermeer pretendió autorretratarse de espaldas, aunque ciertos detalles como su vestimenta, propia de alguien con una buena posición social y su actitud intelectual alejada del oficio de un artesano, nos explican en parte su voluntad por mejorar la consideración del artista, que ya se inició entre los principales artistas desde el Renacimiento.

Vermeer representa a la modelo como si se tartara de Clío, la Musa de la Historia, como lo demuestra la corona de laurel y los objetos que sostiene: un cuerno y un libro. La luz natural que entra por la ventana se convierte en una luz glorificadora que “baña” directamente a la Musa.

Hay detalles en la obra que no dejan de ser meros artificios y que jamás habrían estado en el taller de un artista, pero que él quiso poner allí para reforzar esa idea de distinción y señorío propios de quien realiza una actividad intelectual y alcanza por ello una posición económica propia de un burgués.

Entre estos objetos encontramos un suelo de mármol con baldosas ajedrezadas relucientes, un candelabro de oro a modo de lámpara con el águila de dos cabezas de los Habsburgo, o un mapa de las provincias de los Países Bajos en el siglo XVII.

Como en otras obras del artista el simbolismo oculto ocupa un lugar importante. Por un lado encontramos el candelabro, símbolo de la fe Católica que profesaba Vermeer, minoriotaria en la holanda protestante o la máscara que hay encima de la mesa, una máscara mortuoria que representaría la inefectividad de los Habsburgo, o los cortinajes que buscan dar sensación de teatralidad al espacio.

INFORMACIÓN ADICIONAL

Las obras de Vermeer preferidas por Hitler y los nazis 

La ronda de noche de Rembrandt

Arte, histiria del arte, Rembrandt, tenebrismo
Rembrandt, 1642. Óleo sobre lienzo. 359 cm × 438 cm. Rijksmuseum, Amsterdam.
Foto: Wikimmedia

Podemos afirmar que este es el cuadro más famoso, y probablemente el más importante de Rembrandt Van Rijn, uno de los pintores barrocos más relevantes de la historia del arte Universal.

El título original del cuadro era “la compañía militar del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willen van Ruytenburg”. Su nombre actual se debe al aspecto provocado por la suciedad y la oxidación del barniz, que hacía que se viera muy oscuro y que apenas se distinguieran las figuras.

Fue encargado a Rembrandt para decorar la sala principal de la sede de la Milicia Cívica de Ámsterdam que se encargaba de mantener el orden en la ciudad. El momento que elige es justo el que precede a la formación y puesta en marcha del grupo, cuando sus componentes llevan a cabo los últimos preparativos de armas y pertrechos antes de atender a las órdenes del capitán.

Éste transmite la orden a su teniente indicándole con la mano que alarga hacia el espectador, al que incluye de esta forma en la escena, en la que el capitán y el teniente ocupan el lugar predominante que sus caros les reservan.

Para disimular la pequeña estatura del Teniente de la compañía, Willem van Ruytenburch, frente al capitán, que era un hombre muy alto, Rembrandt decide realzar su figura utilizando un color amarillo vibrante.

El personaje de la niña es especialmente llamativo por ser el único femenino y servir de foco de luz, ya que las sombras de la escena en penumbra no parecen afectarle, apareciendo luminosa y resplandeciente, motivo que utilizan muchos expertos para identificarla con Saskia, su esposa fallecida ese mismo año.

La composición de la obra es muy barroca. Rembrandt propone una escena en la que prime la teatralidad de la acción frente a un retrato de grupo más convencional.

Técnicamente el cuadro destaca por la maestría con al que Rembrandt utiliza la luz y el color a la manera tenebrista que aprendió de Caravaggio, creando fuertes contrastes entre luz y penumbra. La luz entra por la izquierda pero no actúa de forma uniforme ni realista, sino que destaca a determinadas figuras, relegando a otros a la sombra y dotando a la obra de una atmósfera mágica.

El colorido general del cuadro se desarrolla en tonos cálidos de tierras y ocres, con las excepciones del rojo del paño que lleva el capitán, el traje de terciopelo del soldado de su izquierda, el blanco ocre de la chica o el uniforme del lugarteniente.

En un primer momento se pensó ubicar el lienzo en la Groote Zaal de la sede municipal de la Compañía de los Arcabuceros de Amsterdam, hasta que se traslada al Ayuntamiento en 1715.

Con motivo de su nuevo emplazamiento el lienzo original fue recortado en su parte izquierda y superior que supuso la eliminación de tres personajes de la escena. Actulmente, aunque conserva la titularidad el Ayuntamiento de Amsterdam se exhibe en el Rijksmuseum, del que es su obra más importante.

Vista de Delft

Vermeer
Johannes Vermeer. 1658. Óleo sobre tela. 99 x 118. Maritshuis. La Haya
Foto: Wikimmedia

Esta vista panorámica de la ciudad de Delft es obra del pintor holandés Johannes Vermeer (1632-1675).

La pintura de paisajes fue un género muy cultivado en época barroca, destacando especialmente las realizadas por pintores del ámbito geográfico de los Países Bajos.

Estos paisajes buscaban representar la imagen más pintoresca de la ciudad, su punto de vista más conocido o famoso.

La representación que vemos en el cuadro es una representación idealizada de Delft desde el canal de Rotterdam, de la que “extrae” sus características principales, las simplifica  y luego las encaja en el marco de la bahía.

Hay tres zonas claramente separadas: el cielo, el conjunto urbano y el canal, sin ningún elemento adicional que perturbe la quietud de la escena.

De toda la pintura lo que más llama la atención por su brillante ejecución técnica es el cielo lleno de formaciones nubosas, dispersas tras la tormenta recién caída.

Representó una parte del puerto de Delft con sus características construcciones de ladrillo rojo. Podemos ver las torres de dos iglesias y en el centro la puerta Schiedam, con un reloj que señala las siete y diez minutos.

Vermeer reinterpreta de forma idealizada su ciudad natal, cuyo perfil se refleja parcialmente en el agua, que dada la nitidez del mismo representan la quietud y el silencio de un puerto en el que no hay movimiento, invitando al recogimiento y la reflexión de la soledad del entorno, en el que las figuras humanas parecen meros elementos decorativos de la escena.

El autor desarrolló en el cuadro un juego de luces y sombras para reflejar la atmósfera concreta de un momento de luz, en este caso el de un rayo de luz que asoma de entre las nubes tras el temporal desde la parte derecha que ilumina los edificios por este lado, mientras que el lado izquierdo, que además es el que queda en primer plano, permanece en sombra.

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