El café de noche de Van Gogh

 

 

The cafe at night
Vincent Van Gohg. 1888. Óleo sobre lienzo. 72 x 92. Yale University art Gallery
Foto: Wikimmedia

Esta obra de Vincent Van Gogh es una de las obras que pintó durante los meses que estuvo conviviendo con Paul Gauguin en Arlés, lo que la incluye dentro de ese grupo de obras especialmente valoradas del artista por ser inmediatamente anterior a los ataques de locura que le llevaron a automutilarse la oreja.

Más allá de la anécdota y de la “rareza” de la obra dentro de la colección del pintor, la verdad es que se trata de un cuadro formalmente muy llamativo por el especial uso del color que hace en él y por la extraña perspectiva y composición de la escena.

Van Gogh compone una escena con un punto de vista elevado, casi parece una perspectiva aérea, que le aporta mayor sensación de profundidad al cuadro, incrementada por la puerta que se abre al fondo de la sala, que nos recuerda a la puerta que se abre en el fondo del cuadro de las meninas, y que en este caso parece que da acceso al espacio donde se encuentra la barra.

El punto de vista en contrapicado da una especial importancia a algo que suele pasar desapercibido en cualquier cuadro: el suelo, que en este caso pinta de un color amarillo chillón que refleja la luz que emiten las lámparas del salón.

Para representar la luz el artista se sirvió de pinceladas en círculo rodeando las lámparas que cuelgan del techo y que provocan un efecto vibrante y luminoso.

Esta luz amarilla contrasta de forma agresiva con la tonalidad roja predominante en el cuadro. Contraponiendo estos dos colores complementarios consigue dar más fuerza al cuadro y así comunicar sensaciones y emociones, probablemente las que le atormentaban en esta época de su vida y que le llevarían pocos meses después a un sanatorio.

A excepción de la mesa de billar, la parte central de la sala se encuentra vacía, lo que redunda en la sensación de abandono y soledad. Los personajes que representa en el interior de este café son figuras aisladas cada una en su mundo sin relacionarse con las demás, generando una sensación de desolación, que es precisamente la contraria que debería haber en un local social como es un bar o un café.

Al fondo encontramos un grupo de tres mujeres, probablemente prostitutas, conversando animosamente con el cartero mientras vemos un hombre borracho que se ha dormido sobre la mesa, al lado del cual encontramos un soldado.

En una carta dirigida a su hermano, Van Gogh le explica que pretendió crear una atmósfera lúgubre y angustiosa para expresar el poder de las tinieblas de un lugar de perdición en el que una persona puede perder el juicio y volverse loco, lo que ya demuestra el estado mental en el que se encontraba en esta época.

Impresionistas y Postimpresionistas. El nacimiento del arte moderno

 

Esta exposición que al igual que la que comentamos ayer del Museo Thyssen también tiene como foco principal el impresionismo, y que se inauguró el pasado sábado 2 de febrero de 2013 en la Fundación Mapfre de Madrid, es la otra gran exposición de principios de 2013.

Está compuesta por 78 obras procedentes del Museo D’orsay de París en las que se puede apreciar como de la evolución del impresionismo surgieron artistas y estilos, que comenzaron a configurar el nuevo arte que ecolosionará en las vanguardias históricas que se desarrollaron a principios del siglo XX.

El tema que nos proponen los comisarios es una selección de obras que marcan la disgregación del grupo de los impresionistas como tal, pues todas las obras son posteriores, o casi, a la octava y última exposición que los impresionistas hicieron en París en 1886.

La propuesta es muy acertada pues permite hacerse a una idea de la evolución y los derroteros que tomaron las carreras de algunos artistas, que tras disolverse como grupo optaron por tomar caminos diferentes, desde Renoir que alcanzó gran éxito y reconocimiento en los salones oficiales haciendo retratos o obras como “las bañistas”, hasta monet, cuyas investigaciones y avances en la perspectiva antiiparon algunos de los avances que conducirían a la pintura hacia la abstracción a principios del siglo XX.

La exposición parte de algunos ejemplos de las series de pinturas más famosas de Monet, como las portada de la Catedral de Rouen, o los almiares. A continuación nos propone algunas de las obras de los creadores del Neoimpresionismo, Seurat y su discípulo Signac. Dos Bodegones de Cézanne, uno de los cuales hemos seleccionado para ilustrar nuestra píldora de hoy, nos anticipan sus ideas sobre la construcción del espacio y el volúmenes de los objetos en el espacio que representa en los cuadros.

Las grandes personalidades de la pintura del siglo XIX también tienen su hueco en la exposición, con las representaciones de los bajos fondos de Toulouse Lautrec, las obras de Gauguin previas a sus viajes a la polinesia, las últimas obras de Van Gogh antes de su muerte o algunas de las aportaciones del grupo de los Nabis, como Sérusier, Bonnard o Maurice Denis.

Quienes no habéis tenido la oportunidad de visitar nunca el Museo D’Orsay es además una inmejorable oportunidad para conocer de primera mano algunas de las grandes pinturas y artistas del siglo XIX.

Para nosotros una de las mejores exposiciones que hemos visto nunca. Por planteamiento, por la excelente estructura del discurso didáctico y por la enorme calidad de las obras que la componen.

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