Magdalena Penitente de Donatello

Cuando hablamos de Donatello nunca pensamos en esculturas como esta Magdalena Penitente, más bien todo lo contrario, imaginamos obras en las que el ideal de belleza es la excusa para diseñarlas y moldearlas.

Esta Magdalena se aleja completamente de esto y por eso la hemos seleccionado de entre la magnífica y extensa producción escultórica de Donatello.

La obra se enmarca en el final de la producción del artista, en una época en la que se replantea sus ideas sobre la religión, la riqueza, el humanismo y la estética, que trasladará a sus obras finales.

Se trata de un encargo que le hizo uno de los arzobispos más respetados y famosos de Florencia, el futuro San Antonio, más conocido como Antonino.

El objetivo del encargo era el de intentar revivir los auténticos valores del cristiansimo primitivo. Su voluntad se tradujo en su apariencia. Vestía como un harapiento intentando que los habitantes de Florencia siguieran su ejemplo y abandonaran la riqueza y el decoro en sus actitudes y su moral.

Esta estética y esta actitud es la que le sirvió a Donatello de inspiración para modelar su Magdalena Penitente, que nos presenta como una mujer demacrada debido a las privaciones a las que se sometía.

La escultura está hecha en madera policromada. Donatello nos la presenta con el pelo largo y las manos en actitud de oración y unos ojos profundos cuya mirada casi “hiela” al espectador por la expresividad que confieren a su rostro, tanto los ojos como la dentadura estropeada de la mujer

Donatello no rechaza la belleza del ideal clásico, sino que evoluciona hacia una escultura más expresiva y naturalista que le sirve para transmitir otros valores morales y que muchos estudiosos han comparado con la evolución de le escultura de Miguel Ángel y su terribilitá.

El artista florentino ya apuntó su expresionismo con un San Juan Bautista que realizó en su anterior etapa veneciana y que le sirvió de experimento o primer eslabón hacia un mayor expresionismo que culminará en la Magdalena penitente.

Entrega de las llaves a San Pedro de Perugino

Capilla Sixtina
Pietro Perugino. 1482. Buon fresco. 335 x 550. Capilla Sixtina
Foto: Wikimmedia

Estos días de cónclaves, fumatas, cardenales y papas no podíamos dejar de lado la sala que ha sido testigo de las últimas 10 reuniones para elegir al obispo de Roma y cabeza de toda la iglesia católica: la Capilla Sixtina.

Aunque la atención la acaparan los célebres frescos de la bóveda y el altar mayor de Miguel Ángel, en la capilla sixtina hay otras obras de conocidos artistas del Renacimiento  y que se sitúan en los muros laterales.

Estos frescos ilustran pasajes de la Biblia. En la pared Norte escenas de la vida de cristo y en el muro sur de la vida de Moisés.

En este caso hemos elegido una que se relaciona con la actualidad del momento en el seno de la iglesia con la elección del nuevo papa: la entrega de las llaves a San Pedro.

Este fresco pintado por Pietro Perugino en 1482 es de los más relevantes por los avances que supuso en su época en la representación de la perspectiva pictórica.

La escena hace referencia al pasaje de los evangelios en el que Cristo hace entrega a San Pedro de las Llaves del Reino de los Cielos.

En el centro de la composición, al fondo, encontramos el templo octogonal de Jerusalén que domina el eje central de la composición, a la que sirve como telón de fondo frente al que se desarrolla la acción.

Destaca la sensación de horizonte infinito que consigue conferir a una obra que superó en la representación de la perspectiva a las de muchos de sus contemporáneos.

Para dar una mayor sensación de profundidad situó dos filas de personajes en primer plano por debajo de la línea del horizonte, acentuando el efecto de ésta sobre la profundidad del cuadro, consiguiendo así una perspectiva pictórica muy avanzada.

Perugino reresenta a personajes del presente ataviados a la moda florentia en una plaza embaldosada cuyas líneas de fuga llevan a la línea del horizonte con representaciones de arquitecturas inspiradas en la Roma Antigua: dos arcos de triunfo y un edificio de planta centralizada.

El estilo de las figuras con ropajes de gran complejidad, algunos con el pelo largo y suelto, o el porte elegante y refinado. Sus cabezas parecen ser de tamaño pequeño en proporción con la rotundidad de los volúmenes de los cuerpos, cuyas posturas y poses se repiten secuencialmente, aunque de forma inversa, en ambas mitades del cuadro.

No sólo es uno de los principales frescos de los muros laterales. Se creía un buen augurio sentarse en los cónclaves bajo esta pintura, que en el caso de Julio II, Clemente VII y Paulo III se cumplió con exactitud.

¿Quién estará sentadose debajo de esta pintura durante este cónclave?

Las puertas del Paraiso de Ghiberti

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Lorenzo Ghiberti. 1425 – 1452. 5,20 x 3,10 m. Bronce Dorado
Foto: (copia de la catedral de San Fr ancisco) Wikimmedia

Estamos ante la obra cumbre de Lorenzo Ghiberti (1378 – 1455), un artista italiano del Quatroccento que participó junto a Bruneleschi en el concurso que se convocó en 1401 para decorar las segundas puertas del Baptisterio de la Catedral de Florencia.

Al producirse un empate en la votación, Bruneleschi renunció y finalmente fueron ejecutadas por Ghiberti. Tuvieron tanto éxito que poco después el gremio de comerciantes de la ciudad le encargó tallar éstas terceras puertas, que posteriormente serían bautizadas por Miguel Ángel como “las puertas del Paraíso“, y que terminó en 1452 tras más de 25 años de trabajo.

Las puertas tienen una altura de 5,20 m de altura, 3, 10 de anchura y un grosor de 11 cm. A diferencia de las primeras puertas ejecutadas por Andrea Pisano (puertas Norte) y el Propio Ghiberti (puertas Sur), en las que las escenas se incribían en medallones cuatrifoliares, 14 en cada hoja de las puertas, éstas terceras puertas incluyen tan solo 5 escenas rectangulares en cada hoja.

Cada uno de los paneles incluye un bajorrelieve de bronce y oro con pasajes del antiguo testamento, en los que utiliza técnicas compositivas y de perspectiva plenamente renacentistas. Para conseguir esa perspectiva introduce en los fondos arquitecturas clásicas a modo de escenografía. Además adapta la técnica del relieve para acentuar esta sensación de profundidad mediante la superposición de altos, bajos y mediorelieves.

Las escenas son (de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha): la creación de Adán y Eva, Caín y Abel, Noé y el Diluvio Universal, El sacrificio de Isaac, La historia de Isaac con Essaú y Jacob, la historia de José vendido por sus hermanos, Moisés recibiendo las tablas de la ley, Josué y la caída de Jericó, la lucha entre David y Goliat y la visita de la reina de Saba al templo de Salomón.

Las figuras se adaptan a los cánones de la perspectiva puramente renacentistas, abandonando cualquier recuerdo del gótico, y representando las escenas con un detallismo y naturalismo típico del Quatroccento.

En los marcos laterales y en los listones de separación de las escenas incluye pequeñas figuras bíblicas, motivos de decoración vegetal y bustos de personajes de la época, entre los que se incluye un autorretrato del propio escultor, reivindicando su condición de artista creador de la obra, y no de mero artesano ejecutor, que constituyó una de las principales luchas de los grandes maestros del renacimiento.

La batalla de San Romano de Paolo Ucello

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Paolo Uccello. 1460. Temple al Huevo sobre tabla. 182 x 317. National Gallery De Londres
Foto: Wikimmedia

Esta tabla es la central de un tríptico que pintóhacia 1460 Paolo Uccello (1397- 1475), y es su obra más conocida y de las más importantes del Quatroccento italiano.

Cada una de las tablas se encuentra en un museo diferente: la de la izquierda, que vemos arriba, en la National Gallery de Londres, la central en Museo del Louvre, y la de la derecha en la Galleria de los Ufizzy de Florencia.

Esta obra, claramente renacentista en muchos detalles, presenta todavía algunos rasgos medievales y de tradición gótica, en aspectos como la utilización antinaturalista de los colores y las formas geométricas de algunos animales.

Para Uccello la perspectiva es la protagonisra y se convierte, junto al movimiento, en el elemento clave del cuadro, y en la obsesión del pintor en las tres escenas que componen el tríptico.

“La batalla de San Romano” relata el enfrentamiento entre sieneses y florentinos el 1 de junio de 1432 en San Romano, localidad cercana a Lucca, provocado por el promotor de la obra: Leonardo Bartolini.

En la primera tabla se representa el inicio de la batalla, en la tabla central la batalla en sí misma, y en la tabla de la derecha el desenlace de la contienda.

Aunque a primera impresión la obra nos parece medieval hay muchos elementos renacentistas en la obra.

En primer lugar su obsesión por la representación de un espacio que es el verdadero protagonista y que prima por encima del naturalismo de las figuras, que se muestra como un elemento secundario, de ahí el aspecto “gótico” de algunas de ellas.

Se decía que Uccello estaba tan obsesionado con la representación del espacio que se pasaba los días dibujando elementos escorzados y planteándose problemas de representación espacial y su solución, que incorporó a las tres tablas, que aparecen recargadas con múltiples elementos que llenan toda la superficie pictórica, y que recuerda claramente a la pintura medieval.

Uccelo no es una de las primeras figuras del renacimiento, ni tampoco su obra excesivamente relevante, sin embargo si que debemos ver este tríptico como una gran aportación a los estudios de la representación pictórica en perspectiva que se desarrollaron durante el Quatroccento italiano.

Catedral de Santa Maria de las Flores

Catedral de Santa María de las flores de Florencia con la cúpula de Bruneleschi
Siglos XII-XV. Florencia

 

Santa María de las Flores, la catedral de Florencia fue iniciada en estilo gótico y es conocida sobre todo por su cúpula renacentista, ejecutada a principios del siglo XV por Filippo Bruneleshi (1377 – 1446).

La riqueza de la capital de la Toscana queda evidente en la utilización de materiales lujosos y la magnitud de la construcción, uno de los edificios más grandes de la cristiandad.

Aunque lo que destaca de la construcción es la cúpula de Bruneleschi, el conjunto catedralicio lo componen el campanario de 82 metros de altura y el baptisterio de San Juan.

Se construyó sobre el espacio que ocupó la antigua iglesia de Santa Reparata, cuya construcción se vio impulsada por la magnificencia de las nuevas catedrales de Pisa y Siena, con las que competía en auge y prosperidad.

En su intención de competir con sus rivales geográficos, se levantó un templo con capacidad para 30.000 personas.

El diseño del edificio fue obra de Arnolfo di Cambio, quién en 1296 concibe el edificio con una estructura de tres naves que confluyen en el espacio octogonal de la cúpula.

Tras la muerte de Arnolfo en 1302 el trabajo en la catedral se ralentizó y estuvo suspendido durante treinta años. El descubrimiento de las reliquias de San Zenobio en 1330 supuso un nuevo impulso constructivo para la catedral, asumido por la Cofradía de los Mercaderes de la Lana.

En 1334 Giotto se hace cargo de la construcción como maestro de obras, siguiendo en todo momento el diseño de Arnolfo di Cambio. Giotto muere tres años después dejando terminado el campanile de 82 metros de altura. Andrea Pisano, que había ejercido de discípulo de Giotto continuó los trabajos.

Las oleadas de peste negra que asolaron la ciudad interrumpieron la construcción de la iglesia, que hacia 1418 estaba concluida a falta de que alguien se “atreviera” a levantar una cúpula en el enorme espacio de cruce de las naves con el transepto.

Además de la cúpula destaca la decoración de las paredes cubiertas por bandas horizontales y verticales con mármoles de color blanco (Carrara), verde (Prato) y rojo (Siena) que repetían las decoraciones del baptisterio y del campanario.

La cúpula

Obra cumbre de Filippo Bruneleschi para la catedral de Florencia
Bruneleschi
JesusAbizanda

En el 1418 el edificio estaba terminado a falta de la cúpula para cuya finalización se convocó un concurso al que comparecieron Bruneleschi y Ghiberti.

El problema al que se enfrentaban era que para cubrir un espacio tan grande haría falta una estructura de gran peso que haría peligrar su estabilidad.

Brunelleschi se inspiró en la estructura de la cúpula del Panteón de Roma.

Concibió la cúpula sobre un tambor octogonal con un sistema que se llama de doble emparedado, que permitió dar estabilidad a una estructura de más de 37 toneladas.

El trabajo de la cúpula comenzó en 1420 y fue completado en 1436, año en que fue consagrada la catedral por el Papa Eugenio IV.

Aún hoy no deja indiferente a nadie, siendo uno de los hitos urbanísticos que han configurado el perfil de la ciudad actual, porque aunque en la época fue la mayor cúpula construida entonces, aún hoy es la cúpula de albañilería más grande del mundo.

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