Funeral por la muerte del Anarquista Galli

Obra futurista de Carlo Carrá: "Funerales por la muerte del anarquista Galli"
Carlo Carrá. 1911. Óleo sobre lienzo. 199 x 260 cm. Metropolitan Museum of art.
Fotografía: follotheplanet

Estamos ante la obra maestra de uno de los principales pintores y teóricos del futurismo, movimiento pictórico de origen italiano que se desarrolló durante las primers décadas del siglo XX.

Trabajó desde muy joven en un taller de Milán como aprendiz de un muralista y pudo poner en práctica todo lo aprendido en algunas decoraciones de pabellones de la Exposición Universal de París en el año 1900.

Viajó a Londres donde tuvo contacto con artistas y círculos ideológicos cercanos al anarquismo. Regresa a Italia en 1905 para estudiar en la academia Brera, donde conoció a Boccioni y firmó el manifiesto de los pintores futuristas en 1910. Durante estos años pintó sus mejores y más reconocidas obras de arte.

Esta obra se inspira en los acontecimientos que tuvieron lugar en Milán en 1904 durante una huelga general. Como resultado de las protestas el personaje principal de la obra, Angelo Galli muere como resultado de la represión policial.

Carrá asistió personalmente al funeral de Angelo Galli y quedó impresionado por el acontecimiento en el que se paseó el féretro cubierto de claveles rojos del activista, es portado a hombros por compañeros del protagonista.

Como en tantas pinturas futuristas el pintor sitúa al espectador en el centro de la escena de forma que le resultara más fácil conmoverlo y dar mayor sensación de movimiento.

Los tumultos tuvieron lugar en un momento de la historia de Italia en el que la industrialización y los cambios sociales condicionaban la vida de la sociedad de principios del siglo XX. Una burguesía cada vez más poderosa y una masa social cada vez más grande y con mayor capacidad de movilización y lucha por la “justicia social” precipitaron los acontecimientos que terminaron con la muerte de Galli a manos de la policía de Milán.

El lenguaje plástico que utiliza es el típico del futurismo. Nos muestra un número importante de hombrs unidos de forma dinámica gracias a las posturas y diagonales que generan unos con otros.

Carrá genera una especie de “malla” de líneas, rayas y fomas con las que transmite la idea de la multitud de hombres que da una gran sensación de movimiento y dinamismo en una masa pictórica confusa de la que emergen algunas figuras humanas y ciertos detalles del paisaje urbano, como el andamio que se distingue en el extremo superior izquierdo del cuadro.

El colorido de la obra, en el que predominan los colores marrones, rojos y amarillos hacen que los toques de azul que distribuye a lo largo del cuadro constituyan un elemento de contraste adicional de gran efectismo entre la claridad y la oscuridad que elevan la tensión del cuadro.

Carlo Carrá pintó la obra 7 años después de los acontecimientos, lo que implica una importancia del recuerdo en la representación. La memoria selectiva de lo acontecimientos hace que la recreación de los mismos por parte del pintor sea una visión parcial sesgada y parcialmente idealizada

En la obra se aprecian bastantes rasgos de la teoría pictórica futurista que el mismo plasmó en ensayos de teoría del arte que desarrollarían el manifiesto de los pintores futuristas publicado en 1910. Desde el conocimiento de los avances y logros del cubismo, la teoría futurista de arte engloba en el concepto de la simultaneidad el método de trabajar con recuerdos , asociaciones y connotaciones.

Carrà creó un cuadro de historia moderno que no necesitaba de exactitud histórica y en el que se expresaran el movimiento, dinamismo y tensión de la escena con una estética muy particular y efectista en la que apenas hay elementos formales reconocibles.

Impresionistas y Postimpresionistas. El nacimiento del arte moderno

 

Esta exposición que al igual que la que comentamos ayer del Museo Thyssen también tiene como foco principal el impresionismo, y que se inauguró el pasado sábado 2 de febrero de 2013 en la Fundación Mapfre de Madrid, es la otra gran exposición de principios de 2013.

Está compuesta por 78 obras procedentes del Museo D’orsay de París en las que se puede apreciar como de la evolución del impresionismo surgieron artistas y estilos, que comenzaron a configurar el nuevo arte que ecolosionará en las vanguardias históricas que se desarrollaron a principios del siglo XX.

El tema que nos proponen los comisarios es una selección de obras que marcan la disgregación del grupo de los impresionistas como tal, pues todas las obras son posteriores, o casi, a la octava y última exposición que los impresionistas hicieron en París en 1886.

La propuesta es muy acertada pues permite hacerse a una idea de la evolución y los derroteros que tomaron las carreras de algunos artistas, que tras disolverse como grupo optaron por tomar caminos diferentes, desde Renoir que alcanzó gran éxito y reconocimiento en los salones oficiales haciendo retratos o obras como “las bañistas”, hasta monet, cuyas investigaciones y avances en la perspectiva antiiparon algunos de los avances que conducirían a la pintura hacia la abstracción a principios del siglo XX.

La exposición parte de algunos ejemplos de las series de pinturas más famosas de Monet, como las portada de la Catedral de Rouen, o los almiares. A continuación nos propone algunas de las obras de los creadores del Neoimpresionismo, Seurat y su discípulo Signac. Dos Bodegones de Cézanne, uno de los cuales hemos seleccionado para ilustrar nuestra píldora de hoy, nos anticipan sus ideas sobre la construcción del espacio y el volúmenes de los objetos en el espacio que representa en los cuadros.

Las grandes personalidades de la pintura del siglo XIX también tienen su hueco en la exposición, con las representaciones de los bajos fondos de Toulouse Lautrec, las obras de Gauguin previas a sus viajes a la polinesia, las últimas obras de Van Gogh antes de su muerte o algunas de las aportaciones del grupo de los Nabis, como Sérusier, Bonnard o Maurice Denis.

Quienes no habéis tenido la oportunidad de visitar nunca el Museo D’Orsay es además una inmejorable oportunidad para conocer de primera mano algunas de las grandes pinturas y artistas del siglo XIX.

Para nosotros una de las mejores exposiciones que hemos visto nunca. Por planteamiento, por la excelente estructura del discurso didáctico y por la enorme calidad de las obras que la componen.

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